11 de octubre de 2007

La soberbia no existe


EL MUNDO (26-3-1994).


JOSE HIERRO


¿Por qué acepté el encargo de escribir unas líneas sobre este tema? Irresponsablemente dije sí. Ahora, en el momento de la verdad, frente al papel en blanco, veo que la soberbia es cosa del pasado. Ocurrió cuando el angel caído -personificado en el Retiro madrileño- proclamó que era igual a Dios. Y así le fue.


La soberbia es un fósil. Según leo en un diccionario, para saber qué era eso que no existe, la soberbia es «orgullo y apetito desordenado de ser preferido a otros, excesiva estimación de las propias prendas con menosprecio de los demás», y la definición corrobora mi creencia. Habrá vanidosillos, pero en general todos los grandes hombres somos humildes. Y objetivos.


Cada vez que releo las páginas inmortales que he escrito y admiro su rara perfección y su radiante belleza, no me siento acosado por el demonio de la soberbia, y reconozco mi humildad, que es el denominador general de los seres humanos. Hace unos días, reunidos los grandes de la Banca Española, fui -naturalmente- requerido por ellos para que les diese mi acertada opinión sobre la compleja situación en que se hallaban. El portero osó preguntarme adónde iba y quién era yo. El pobre ignorante no me conoció. Y cuando vio en mis ojos el fulgor del genio, me pidió perdón y besó mi mano.


Sí todos somos humildes. Camilo José Cela me consulta problemas de estilo, Fernando Lázaro Carreter busca mi asesoría para que el dardo llegue a la palabra. Paco Umbral me da la lata cada mañana exigiéndome que le dé ideas para más trabajos. Joan Miró voló más de una vez desde su Palma de Mallorca pidiéndome consejo sobre las dudas que le embargaban acerca de la composición de mi cuadro. No quiero hablar, por no salirme del territorio nacional, de lo que me dijo, con lágrimas en los ojos, la reina de Inglaterra cuando vino a verme para que le asesorase sobre los problemas de la familia real. Al escuchar mis opiniones, dijo cosas muy acertadas a propósito de mi obra literaria, que conoce muy bien.


No: no existe la soberbia. Por eso no he podido escribir sobre ella.

1 comentario:

Ildefonso Diaz Ruiz dijo...

Realmente, un gran artículo. Admirable.