8 de junio de 2007

Mi nueva adquisición




Viendo que el curso en Llar del Llibre se nos acaba en dos "pinpanes", he comprado esta chulada, porque ya me veía sin poder chiflar hasta Octubre, ahora que Andrés Pérez Sierra, me ha dado la técnica, ya no puedo parar...






Piedra Litografica Solnhofen con escenas de la India. 1898 27 x 22 cm.




Sólo me falta el asentador de navajas (¿Alguna objección a este nombre?.Porque lo he buscado en el Ministerio de Educación y Ciencia...)




7 de junio de 2007

El destino es un maricón














Sabina colecciona libros antiguos. En su casa, 10.000 títulos decoran las paredes.


Es una afición que comparte, y con la que compite a la búsqueda de las ediciones más deseadas, con sus amigos García Montero y el editor Chus Visor, otros dos adictos al olor del papel impreso.

Y el Capote de Manolete, protegido por un cristal como cartapacio ,carpeta, cartera, portafolios, cuaderno, libreta o como quiera Javier llamarle.















5 de junio de 2007

Mi cocinero particular


Esta es una nota para mi marido, una nota de agradecimiento...
Qué mejor chiste para agradecerle todas las innumerables cenas que ha ido preparando durante estos 12 años juntos... Esta fué la primera vez y ya no ha parado... Ya no pregunta dónde está la cocina, sino ¿para cuantos la cena?.
Gracias Vinto, ahora espero que pongas en práctica tus conocimientos aprendidos en Japón...
Y tienes razón, hay que decir "No sé hacerlo", si no, mira lo que te ha pasado...pero un apunte...¿sirve también para el sexo esta excusa? ;)

El mejor Forges


Ahora que Forges, resurge de entre las tazas,( si alguna vez se había hundido, cosa que dudo, ) edito el mejor de los chistes, tiene tantos años como un adolescente y ha sido la imagen que primero veía por la mañana en mi puesto de trabajo.No tiene pérdida...

Jose Luis Sampedro


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante.

Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus "clientes" éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro. Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.En la vida corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?
¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.


¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!


José Luis Sampedro

Mis Tipos Duros


Tengo 44 cajas de tipos que limpiar, cajón a cajón, departamento a departamento, tipo a tipo, necesito voluntarios, un batallón diría yo...

Moriros de envidia...

Mi maravillosa Boston


Aquí está mi magnifica máquina revolución ...

Ahora hay que trasladarla...

Regletero con mesa de arreglos




Tengo un regletero con mesa de arreglos...



De un notario de Murcia, como aquello de Ninet, pero en notario...



Armario de madera, que se utiliza para guardar las interlíneas y lingotes clasificados por su grueso y su longitud, en departamentos hechos a medidas tipográficas

Mi bonito Supercomodín


Ya tengo en casa mi nuevo chivalete.
Con más mierda que el palo de un gallinero, ya he empezado a lavar y sacar brillo. 44 tipos duros que esperan ser rescatados del olvido, sólo falta instalar mi Boston y empezar...
Desde esta foto, a la próxima, el abismo se extiende...


Aunque debería llamarle "Supercomodín"


El supercomodín es un mueble combinado que reúne ordinariamente dos o más comodines con sus cajas, regleteros, depósitos para material de blancos, pupitres correderos, cajas para filetes, estantes con galeras para guardar moldes, cajones para guardar grabados, accesorios y originales, etc., taburete o silla regulable y cuanto necesita un tipógrafo compositor para realizar su trabajo de composición, compaginación y distribución con más comodidad y ahorro de tiempo.