21 de junio de 2007

Lástima que terminó...


Terminó el "Curso Escolar" de LLar del LLibre.

Abandonamos rápidamente "el sótano de las maravillas" de la pena que nos daba cerrar la actividad hasta Octubre...prometimos coser todo lo pendiente para poder encuadernar en cuanto se reinicie el curso.

¿Mi viejo sótano se convertirá algún día en seudo-taller de artesano?

Todo se andará, por el momento voy haciendo lugar para lo que me va entrando, con cuentagotas a mi gusto, demasiado deprisa para mi marido, porque el Síndrome de Diógenes, se apodera de mi, a la mínima que me descuido.

No se heredan sólo los bancales...repito hasta la saciedad y siempre tiene razón el dichoso refrán, heredo la capacidad de que me guste hasta el más mínimo retal de piel, papel, tela o cartón, y a todo le doy utilidad, le busco encaje.

Lo que no encuentro es tiempo para hacerlo, y los proyectos pendientes van aumentando exponencialmente... ¡Cómo me gusta mi forma de ser y cómo le aterra a mi marido!

Buscando en la red...


Buscando en la www, encuentro un blog de una persona, digamos especial ...




Me maravilla la actividad de la gente, sobre todo cuando yo no consigo arrancarle segundos de más al día para hacer todo lo pendiente, claro que él espera nietos y yo todavía crío a mis hijos...


La envidia me corroe, de poder tener tanto tiempo, de vivir en Madrid y acceder a los cursos que él accede, de ser varón y cincuentón, sólo se lo envidio a mi marido, por tener la mujer que tiene.


Me maravilla los gustos comunes, tal que, Amancio Prada , Joaquín Sabina ,Serrat, Literatura, Fotografía, Teología ,Filosofía , Pintura, Dibujo, Escultura, Encuadernación , Casablanca, y tan despistado como un topo ciego. ;)


Me maravilla, lo de siempre la capacidad de trabajo, la ilusión, lo maravilloso de la raza humana, tan diferentes y tan iguales...o como diría Joaquinito, tan joven y tan viejo. (La vida siempre tiene una banda sonora)


Lo primero que quise fue marcharme bien lejos;

en el álbum de cromos de la resignación

pegábamos los niños que odiaban los espejos

guantes de Rita Hayworth, calles de Nueva York.


Apenas vi que un ojo me guiñaba la vida

le pedí que a su antojo dispusiera de mí,

ella me dió las llaves de la ciudad prohibida

yo, todo lo que tengo, que es nada, se lo dí.


Así crecí volando y volé tan deprisa

que hasta mi propia sombra de vista me perdió,

para borrar mis huellas destrocé mi camisa,

confundí con estrellas las luces de neón.


Hice trampas al póker, defraudé a mis amigos,

sobre el banco de un parque dormí como un lirón;

por decir lo que pienso sin pensar lo que digo

más de un beso me dieron (y más de un bofetón).


Lo que sé del olvido lo aprendí de la luna,

lo que sé del pecado lo tuve que buscar

como un ladrón debajo de la falda de alguna

de cuyo nombre ahora no me quiero acordar.


Así que, de momento, nada de adiós muchachos,

me duermo en los entierros de mi generación;

cada noche me invento, todavía me emborracho;

tan joven y tan viejo, like a rolling stone.