13 de octubre de 2007

Tenía prisa


Las células están programadas para reproducirse a un cierto ritmo que asegure la renovación de las que van muriendo.

Si un grupo de células comienza a reproducirse descontroladamente, comenzará a crecer un tejido (tumor) que, cuando no tenga espacio suficiente para seguir creciendo, invadirá el órgano al que pertenece, provocando un mal funcionamiento.

Si estas células no están confinadas por alguna membrana (tumor benigno), se extienden a otros órganos y siguen reproduciéndose hasta producir la muerte (tumor maligno).

El porqué una célula se convierte en cancerosa es un asunto muy complejo aún en estudio, pero si se ha observado que es una enfermedad genética (congénita o adquirida), y que hay cierta correlación entre algunas sustancias, situaciones o comportamientos, y la mayor incidencia de determinados tipos de cánceres (agentes cancerígenos).

También se aprecia un cierto factor hereditario, por lo que se aconsejan revisiones periódicas a personas con antecedentes familiares.


¡¡¡Dios mio, qué semejanzas !!!.
Que nadie crea que estoy hablando del grupo de más de 200 enfermedades diferentes qu es el cáncer.

El artista total


Sigo pensando en los encuadernadores que “subcontratan” el diseño de sus creaciones, el dorado y gofrado de sus tapas y lomos, el papel de sus guardas, y me parece que son como las mises de Venezuela, que nacen con una nariz aguileña, unos pechos pequeños y unas caderas inexistentes…

Sigo pensando…en Anita Hecberg... sigo pensando.

11 de octubre de 2007

La soberbia no existe


EL MUNDO (26-3-1994).


JOSE HIERRO


¿Por qué acepté el encargo de escribir unas líneas sobre este tema? Irresponsablemente dije sí. Ahora, en el momento de la verdad, frente al papel en blanco, veo que la soberbia es cosa del pasado. Ocurrió cuando el angel caído -personificado en el Retiro madrileño- proclamó que era igual a Dios. Y así le fue.


La soberbia es un fósil. Según leo en un diccionario, para saber qué era eso que no existe, la soberbia es «orgullo y apetito desordenado de ser preferido a otros, excesiva estimación de las propias prendas con menosprecio de los demás», y la definición corrobora mi creencia. Habrá vanidosillos, pero en general todos los grandes hombres somos humildes. Y objetivos.


Cada vez que releo las páginas inmortales que he escrito y admiro su rara perfección y su radiante belleza, no me siento acosado por el demonio de la soberbia, y reconozco mi humildad, que es el denominador general de los seres humanos. Hace unos días, reunidos los grandes de la Banca Española, fui -naturalmente- requerido por ellos para que les diese mi acertada opinión sobre la compleja situación en que se hallaban. El portero osó preguntarme adónde iba y quién era yo. El pobre ignorante no me conoció. Y cuando vio en mis ojos el fulgor del genio, me pidió perdón y besó mi mano.


Sí todos somos humildes. Camilo José Cela me consulta problemas de estilo, Fernando Lázaro Carreter busca mi asesoría para que el dardo llegue a la palabra. Paco Umbral me da la lata cada mañana exigiéndome que le dé ideas para más trabajos. Joan Miró voló más de una vez desde su Palma de Mallorca pidiéndome consejo sobre las dudas que le embargaban acerca de la composición de mi cuadro. No quiero hablar, por no salirme del territorio nacional, de lo que me dijo, con lágrimas en los ojos, la reina de Inglaterra cuando vino a verme para que le asesorase sobre los problemas de la familia real. Al escuchar mis opiniones, dijo cosas muy acertadas a propósito de mi obra literaria, que conoce muy bien.


No: no existe la soberbia. Por eso no he podido escribir sobre ella.

Contestando a los comentarios de Idelfonso y anónimo.






Llego nueva, de las fiestas de Sella, mi “despertá” del viernes de rigor, echando mucho de menos a las ausentes…y me encuentro con que el blog se dispara con las visitas al conectar mi artículo a Llar del Llibre.

Acostumbrada a mis 10 visitas por post, se nos va la gráfica al cielo y contamos 195 visitas en 6 días. (y yo de fiesta, y en la parra).

Ante tal avalancha, echo en falta más comentarios aunque sean anónimos, pero claro, poco se puede opinar si no se tiene la entrevista original, así que he pedido permiso a la Asociación para el Fomento de la Encuadernación para reproducirla (Que la virgen de México nos sea favorable).

Respondo:

No esperaba menos "anónimo", porque si yo hubiera pensado, por un momento que me atacabas a mi, uhmmm, ya lo pensare mañana.
De todas formas, ¿has visto que buenos amigos tengo como Idelfonso?, que sacan los "bisturises" a la mínima.
Gracias “resalao”. Voy a hacerme la manicura francesa por si acaso tengo que sacar las uñas en los próximos comentarios.

Tres cosas:
Republica con o sin acento.
Con acento, creo que esta clarito, cosas que no comentare ahora tal y como está el patio nacional. Y sin acento, porque no me resigno a que solo sea un libro el que publique, seguiré republicando una y otra vez. (O despotricando).

A anónimo gracias por el comentario, sea bueno a malo (hacia mi) si algo tiene este blog, es que no recorto criticas, al cuello si puede ser, por favor.

Idelfonso dice que tu comentario es desabrido, vamos a catalogarlo con la otra definición de la palabra "Dicho de una ballesta o de un arma de fuego, como la escopeta: Que es fuerte y dura al disparar, de manera que da coz o golpe al tirador.".
Idelfonso, te ha pasado como a mi, con los comentarios de las escartivanas de Sánchez Álamo, que da pie al error, supongo que anónimo, acostumbrado/a a dar diagnósticos sucintos, nos ha dado a pensar que la terapia erradicadora era para mi. ( no hubiera estado mal ).
Ya vemos en su segundo comentario que no, que estamos los tres de acuerdo.

El fotomontaje es mío, claro, no encontré nada parecido que gráficamente expusiera lo que sentí cuando leía la entrevista por primera vez.

Quiero dejar claro una cosa, no conozco a Carlos, no tengo nada contra él, nada en absoluto, si acaso algún que otro trabajo, para mi gusto nefasto en el gusto, repito para mi gusto. (Del que si hay mucho escrito)

Ah, olvidaba decir que su jactancia ya me la dejó patente al no dignarse a contestarme en la última exposición efímera de Paris , pero claro, ahora lo entiendo todo, yo creí que era tímido (que cándida soy) y que sus desprecios a explicar su obra a tres chicas era modestia. Ja, ja,ja…¡ Qué cosas ¡ Os posteo, un artículo de José Hierro, clarificador.
Salud y/de República a todos.