19 de octubre de 2007

Un mundo mejor es posible, amiguitos.


Quién se pasea por estas páginas y haya curioseado mis blos, sabrá que no es este el único, y que en otros campos disfruto posteando a Javier Marías y a Arturo Pérez-Reverte.

Javier siempre educado, Arturo irreverente.
Pues bien, ese Jekill and Hyde de mis gustos también está en mi persona, y hoy toca.
Hoy toca “cagarse en todo lo que se menea”, tal cual, como Arturo, hacer uso del diccionario en toda su extensión.

Ayer oí un comentario, en el que como órdago, le decía una a el otro,”hoy no se ha tomado la medicación” como gracia, y la tiene.

Hoy pongo yo mi medicación en la palestra, a disposición del que la necesite, porque llevo una semana esperando una autorización que no llega, y la era del servicio de diligencia y el de postas a caballo del reinado de Luis XI, creo que ya no se lleva, y que en esa época se lo hubiera perdonado a Lope García de Salazar, pero ahora donde un correo electrónico tarda unos segundos, no hay excusa.

Abro mi blog para acomodar pareceres, y encuentro parsimonia, flema, e indiferencia.

La callada por respuesta, no es una respuesta, servirá para que se insulte, cada vez que su fracasado intento de obrar se consolide una y otra vez, en gestión cero.

No me siento invisible, ni lo soy.

Cuando la medicina te la prescribe un experto, lo único que debes hacer es utilizarla masivamente. Un mundo mejor es posible, amiguitos.

¿Qué hacer cuando el entorno es hostil?


El ejemplo de la voluntad de cambio de los peces pulmonados cuando vieron que su entorno no les podía cobijar con posibilidades de sobrevivir. “Estos peces no dudaron en cambiar de profesión y sitio cuando vieron que las cosas les iban mal. ¿Por qué no hacer lo mismo, en condiciones parecidas?”
Cambiar de lugar y de
profesión no sólo será muy importante en el mundo multidisciplinar que estamos anticipando, sino que también lo fue en el pasado. Es fascinante descubrir que el cerebro nació, precisamente, para permitir a las larvas de los tunicados encontrar el lugar adecuado donde iban a fijar su residencia en su etapa de adultos. Aquel antecesor de nuestro cerebro les permitió orientarse en el espacio para vivir una vida adulta sin moverse. Una vez instalados en la seguridad del lugar elegido, absorbían su propio cerebro porque ya no lo necesitaban.


Tengo el diagnóstico, Gracias Eduardo.

17 de octubre de 2007

Ildefonso que te pierd...ciegas.









Este es un apunte para mi amigo Ildefonso.

A ver Ilde, no se trata de perder la vida en el proyecto, algo así debía haberle dicho a Charlie, se trata de disfrutar, asi que empieza a buscar lupa.

En clase usan las gafas como las que te adjunto aquí, y en último curso de "Arte Cisoria" buena cuenta dí de las de Javier (Con esa mirada y el bisturí en la mano, doy miedo).

Pero si de verdad tienes ya dónde acomodarte en casa, prueba con la lupa eschenbach como la mía, sirve para todo, empecé a utilizarla bordando y no ha parado de darme servivio, incluso con las cabezadas de seda le he dado trabajo. El precio es otra cosa, pero siempre he pensado que era una inversión para mi vejez, y si no llego a perder la vista antes de perder la cabeza, que la subaste mi prole en e-bay.

Claro que siempre hay cebados como Andrés que no se conforma con menos que el sistema Galileo de la misma marca. Los hay con suerte.